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Hábitos de organización en los niños

La organización y el orden son valores que facilitan la vida en el hogar, así como en el trabajo, en la escuela y en cualquier otra situación. Por lo tanto, es muy importante que los padres ayuden a sus hijos a ordenar su habitación, sus libros, sus materiales escolares, su ropa, juguetes, etc.
 

Educar a los niños para el orden y la organización

La educación para el orden debe comenzar en el momento del nacimiento de los niños. Los primeros años de vida son muy importantes para inculcar el orden porque los más pequeños son más sensibles a este valor. Los niños menores de tres años generalmente disfrutan del orden, de hecho, se convierte en una necesidad que les ayuda a mantener cierto control sobre su entorno y les proporciona estabilidad.
 
A esta edad ya saben que todo tiene su lugar, tienden a mantener el orden y a divertirse si la actividad se presenta como un juego divertido: ordenar por tamaños, formas, colores, tipos de juguetes, tipos de ropa, etc. A partir de los tres años es necesario que interioricen los hábitos que han adquirido en sus experiencias anteriores.
 

Actividades para promover el orden en los niños

1. Establecer claramente cuál es el lugar de cada cosa y no cambiarlo de lugar. En la habitación, los libros se pueden colocar en estanterías de fácil acceso y  los juguetes cajones o cajas.

2. Para el cuidado de la ropa se establece un sitio para depositar la ropa sucia y un orden para el armario y el zapatero, que el pequeño debe mantener. Para las prendas que ha usado pero aún no se tienen que lavar, puede usar un colgador situado a su alcance.

3. Ayúdale al principio. Ordenar juntos puede convertirse en una actividad lúdica agradable, además el pequeño sentirá que sus padres lo apoyan.

4. Siempre que el niño use algo de la casa, sea suyo o no, pídale que lo vuelva a poner donde estaba.

5. Cuenta historias o narraciones en las que los protagonistas sufren las consecuencias negativas de su desorden o se benefician de los resultados cuando son ordenados.

6. Establecer rutinas. Las actividades diarias deben repetirse sistemáticamente y en un orden establecido. Por ejemplo, al despertar: levantarse, ir al baño, utilizar el inodoro, limpiar el cuerpo, ir a desayunar, cepillarse los dientes, coger la mochila (que siempre debe estar en el mismo lugar y en el pequeño lo habrá preparado la noche anterior) y salir de casa.  Cuando regresan al mediodía y entran a la casa: saludos a los padres, cambiarse de ropa (si corresponde), lavarse las manos, ayudar a poner la mesa y sentarse a comer. Del mismo modo, se pueden establecer rutinas a la hora de acostarse, en la higiene corporal, para ir a jugar, etc. Estas rutinas de acciones encadenadas sirven para interiorizar el orden en el estilo de vida y el niño o la niña las realiza sin esfuerzo, sin recibir regaños por el olvido y aumentando así la confianza en sí mismo porque porque sabe lo que debe hacer en cada momento.

7. El niño es parte de la familia y debe asumir responsabilidades de acuerdo con su edad y capacidades. Además de otras tareas asignadas por los padres, puede colaborar en las actividades de limpieza de la casa. Al hacer una limpieza general de una habitación, cocina o baño, el niño puede ayudar clasificando y colocando los objetos de cada habitación; cuando se limpia el polvo de los libros de la biblioteca puede colaborar clasificando y ordenando los libros; ayudar a separar las diferentes prendas antes de lavar la ropa, doblar la ropa una vez que se ha secado, distribuirla en las habitaciones una vez que se ha planchado, etc.
 

Actitud de los padres para que los niños sean organizados

Es importante que los padres contribuyan para que los niños adquieran hábitos de orden y organización. Deben:

1. Establecer unos objetivos realistas y progresivos,  adaptados a la edad y capacidad de cada niño.

2. Ser pacientes, las cosas no salen a la primera y se van perfeccionando poco a poco con la práctica.

3. Fijar sólo un objetivo alcanzable para un tiempo determinado. Por ejemplo: colocar los juguetes para los primeros quince días. Cuando el niño  lo haga de forma habitual, añadir un nuevo objetivo como colocar la ropa y los zapatos.

4. Reconocer los pequeños éxitos recompensándolo con alabanzas: ¡Muy bien, lo estás haciendo perfecto!, ¡El cuarto está muy ordenado!, ¡Estoy orgulloso de ti!, etc. Los gestos afectivos pueden ser valiosas recompensas para ellos. También es conveniente reconocer íntimamente el esfuerzo y el progreso del adulto.

5. Ser un ejemplo. Recuerda que eres su modelo a seguir. Es importante que el niño sepa que nadie es perfecto, sus padres tampoco, y que no se le exige perfección. Cuando los padres asumen sus propios errores, están ofreciendo al pequeño una lección muy valiosa de aceptación, comprensión, tolerancia y amor.